Bruselas, Bélgica — En un sorprendente giro diplomático, varios funcionarios de la OTAN confirmaron que la alianza ha iniciado conversaciones internas preliminares sobre la posibilidad de redactar una nueva propuesta de invitación para una posible cooperación con Rusia, a pesar de haber rechazado las solicitudes formales de Moscú en múltiples ocasiones durante la posguerra fría. Las conversaciones, aún frágiles y en gran medida exploratorias, se han visto impulsadas en parte por la rápida evolución del entorno geopolítico provocado por las renovadas ambiciones del presidente estadounidense Donald Trump en relación con Groenlandia y sus continuas amenazas arancelarias contra economías europeas clave, según fuentes diplomáticas de alto nivel familiarizadas con las deliberaciones.

Si bien no se han producido compromisos vinculantes ni votaciones formales, los representantes de la OTAN describen la medida como una “reevaluación estratégica” más que un respaldo a las anteriores solicitudes de adhesión de Rusia. “La alianza debe adaptarse constantemente a las nuevas presiones”, declaró un diplomático, enfatizando que los recientes acontecimientos en el Ártico y en los sectores comerciales mundiales “han obligado a todos a actualizar sus cálculos”.
Presión de las tensiones árticas y amenazas económicas
El interés estadounidense en Groenlandia —territorio danés autónomo con una posición estratégica en el Ártico— se ha intensificado en los últimos meses, aumentando la ansiedad en las capitales europeas. Los comentarios de Trump sobre los posibles planes de adquisición de Estados Unidos, sumados al aumento de las amenazas arancelarias dirigidas a los países de la UE, han creado una inusual mezcla de incertidumbre diplomática y tensión estratégica dentro de la OTAN.
La alianza se enfrenta ahora a un doble reto: preservar la unidad transatlántica y, al mismo tiempo, mitigar los riesgos de seguridad en el Ártico. Groenlandia desempeña un papel fundamental en las rutas árticas globales, la infraestructura satelital y el acceso a los recursos, por lo que cualquier cambio en su estatus supone un problema importante para los planificadores de defensa europeos.
Algunos analistas creen que la OTAN está considerando la cuestión de Rusia no por un reajuste ideológico, sino por una respuesta pragmática. «No existe un escenario en el que la adhesión de Rusia a la OTAN llegue mañana», explicó un exasesor de política de la OTAN, «pero sí hay escenarios en los que el diálogo adquiere un valor estratégico dada la congestión del Ártico, las rutas energéticas y la presión económica de Washington».
Un cambio que lleva décadas gestándose
Esta sería la primera vez desde la década de 1990 que la OTAN reexamina seriamente las opciones de integración de Moscú. Las anteriores solicitudes postsoviéticas de Rusia fueron rechazadas reiteradamente por preocupaciones relacionadas con los derechos humanos, las instituciones democráticas, las acciones militares en estados vecinos y los objetivos de seguridad divergentes.
Sin embargo, esta última iniciativa parece menos centrada en la membresía formal y más orientada a crear salidas diplomáticas, reducir el potencial de conflicto en el Ártico y enviar señales a Washington de que los aliados europeos mantienen opciones estratégicas independientes.
Algunos miembros de la OTAN ven beneficios potenciales en ampliar el diálogo con Moscú como una forma de estabilizar el Ártico y evitar la escalada, especialmente si la política estadounidense se vuelve cada vez más impredecible.
Escepticismo dentro de la Alianza
No todos los Estados miembros lo apoyan. Polonia, los países bálticos y varios gobiernos nórdicos ya han expresado sus objeciones, discretas pero firmes, a cualquier acuerdo que pueda interpretarse como una legitimación de la postura militar o los objetivos geopolíticos de Rusia. «No se puede simplemente reescribir la historia por los aranceles o por Groenlandia», declaró un funcionario báltico.
Los expertos en defensa advierten que incluso considerar tales propuestas podría causar fracturas internas, especialmente si los funcionarios estadounidenses interpretan la medida como un desafío al papel de liderazgo de Washington dentro de la alianza.
No se espera ningún avance inmediato
A pesar de la atención de los medios de comunicación internacionales y los círculos diplomáticos, los portavoces de la OTAN han insistido en que las conversaciones siguen siendo preliminares. No se ha fijado un plazo para audiencias formales ni anuncios, y la mayoría de los funcionarios admiten en privado que cualquier resultado concreto tardaría años, si es que llega a materializarse.
Por ahora, la propuesta refleja el drástico cambio en la dinámica del poder global. Las ambiciones de Trump en Groenlandia y sus estrategias arancelarias han introducido variables que pocos en la OTAN habrían previsto hace apenas una década, obligando a los aliados a reevaluar relaciones que antes se consideraban permanentemente consolidadas.
No está claro si estas deliberaciones internas darán lugar a un diálogo ampliado con Moscú o si desaparecerán silenciosamente, pero la mera existencia de las discusiones sugiere que el mapa estratégico de la OTAN ya no es tan rígido como parecía antes.